lunes, 26 de enero de 2026

PALEONTÓLOGOS DESCUBREN RESTOS DE PIEL DE UN ICTIOSAURIO QUE VIVIÓ HACE 120 MILLONES DE AÑOS EN VILLA DE LEYVA.

 Paleontólogos colombianos y alemanes encontraron restos de piel alrededor del cráneo de un ictiosaurio que vivió hace aproximadamente 120 millones de años en el territorio de Villa de Leyva. El equipo identificó pequeñas estructuras con forma de red, similares a fragmentos de las capas internas de la epidermis, además de láminas delgadas parecidas a la piel que, después de millones de años, se mantienen flexibles.

El hallazgo llamó la atención de los científicos, pues la preservación de tejidos blandos como células, vasos sanguíneos y piel en vertebrados fósiles no es frecuente, mucho menos si los restos están en rocas de bajas latitudes como las de Colombia.


Foto: Edwin Cadena

El equipo, en el que trabajaron investigadores de la Universidad del Rosario, de la Universidad de los Andes y del Centro de Investigaciones Paleontológicas de Villa de Leyva, evidenció que el material de piel de este ictiosaurio es fragmentario. Sin embargo, presenta señales químicas que dan cuenta de la preservación de restos de proteínas que pudieron ser originales de la composición de este tipo de tejido.

"Este hallazgo revela las condiciones especiales que tenía el ambiente marino en que gran parte de los reptiles de Villa de Leyva se preservaron, con poca presencia de oxígeno y la presencia de ciertos microorganismos, que permitieron su preservación excepcional”, comunicó la U. del Rosario.

Para analizar el fósil, los científicos utilizaron diversas herramientas modernas como microscopios ópticos y electrónicos. Estos instrumentos permiten observar detalles diminutos usando luz o electrones para crear imágenes de estructuras tan pequeñas como fracciones de un milímetro o, incluso, más pequeñas.

El equipo también empleó técnicas que estudian la forma en que la luz interactúa con el material, con el fin de conocer de qué está compuesto y si realmente proviene de un tejido como la piel. La técnica, además, les permitió distinguirlo entre otros posibles orígenes como los tapetes bacterianos.

El resultado se suma al conocimiento de la paleontología molecular, un campo que “busca entender cómo se pueden preservar células, vasos sanguíneos, piel y otras estructuras blandas en fósiles de millones de años”, de acuerdo con el Dr. Edwin Cadena, profesor del programa en Ciencias del Sistema Tierra de la U. del Rosario.

HALLAN, EN LAS COSTAS DE BUENOS AIRES UN GIGANTESCO COLMILLO FÓSIL DE UN ANTEPASADO DE LOS ELEFANTES LLAMADO NOTIOMASTODON PLATENSIS,

 La pieza fue encontrada en la zona de Centinela del Mar, cerca de la ciudad de Miramar, y pertenece a un Notiomastodon platensis, un pariente prehistórico de los elefantes actuales que habitó gran parte de Sudamérica durante el Pleistoceno.

El colmillo, de más de un metro y medio de longitud, fue encontrado semienterrado en sedimentos costeros y debió ser extraído mediante un delicado operativo encabezado por especialistas del Museo Municipal de Ciencias Naturales de Miramar "Punta Hermengo".

Si bien existen numerosos restos de mastodontes en colecciones paleontológicas de Argentina, el descubrimiento de defensas completas es excepcional.



"El hallazgo de defensas de mastodontes es muy raro, especialmente piezas tan completas como esta", explicó a ANSA el reconocido paleontólogo Rodolfo Coria, quien consideró el material "muy interesante", aun cuando aclaró que no conoce en detalle el registro previo de los afloramientos de Miramar.

De acuerdo con Coria, este tipo de restos también aporta información sobre el ambiente en el que vivían estos grandes mamíferos.

Si bien los indicadores más precisos provienen de restos botánicos y del estudio de sedimentos y microfósiles, la presencia de megafauna, como los mastodontes, "aporta pistas relevantes", ya que ocupaban un nicho ecológico similar al de los elefantes actuales, lo que permite inferir características del clima y del ecosistema de la época.

Consultado sobre las posibles líneas de investigación que se abren tras el hallazgo, Coria señaló que el estudio detallado deberá quedar en manos de especialistas en megafauna del Cuaternario, pero indicó que, si la localización resulta novedosa y la conservación es tan buena como parece, podrían formularse nuevas hipótesis sobre la distribución geográfica de estos animales en la región.


Más allá del valor científico, el paleontólogo subrayó la importancia del impacto social del descubrimiento. "Es muy importante compartir estos hallazgos con la comunidad local y foránea", sostuvo, y agregó que la difusión del trabajo científico fortalece a la sociedad y la protege frente a negacionismos y creencias no científicas, reforzando el vínculo entre ciencia y ciudadanía.

El hallazgo implicó un complejo operativo de rescate debido a la fragilidad y el tamaño de la pieza. El colmillo —de más de un metro y medio de largo— fue extraído tras varios días de trabajo por el equipo del museo "Punta Hermengo", que debió consolidarlo en el lugar para evitar que se fragmentara durante la remoción.

El fósil se encontraba incrustado en sedimentos costeros del Pleistoceno, una época marcada por cambios climáticos significativos y la presencia de grandes mamíferos hoy extintos.

Una vez finalizado el rescate, el colmillo fue trasladado al laboratorio del museo, donde será sometido a tareas de limpieza, estabilización y estudio detallado. Allí se evaluará su estado estructural y su potencial para futuras investigaciones, además de analizar su posible exhibición al público como parte del patrimonio científico y cultural de la región, informó el Museo.


El ejemplar del Notiomastodon platensis.

domingo, 4 de enero de 2026

CIENTÍFICOS DOCUMENTAN POR PRIMERA VEZ ESPECIES FÓSILES DE OSTRACODOS MARINOS EN CHINA.

 Un equipo de investigación dirigido por el profesor asociado Wang Yaqiong, del Instituto de Geología y Paleontología de Nanjing de la Academia China de Ciencias (NIGPAS), en colaboración con colegas de diversas instituciones nacionales e internacionales, ha documentado por primera vez dos especies fósiles de ostrácodos marinos —Bicornucythere bisanensis sl y Pistocythereis bradyformis— en depósitos lacustres del Pleistoceno de la cuenca de Qaidam. Los hallazgos se publicaron recientemente en la revista Palaeoentomology .



Bicornucythere bisanensis sl (A) y Pistocythereis bradyformis (B–I). Crédito: NIGPAS


La dispersión a larga distancia (LDD) se define como el proceso mediante el cual los organismos o sus unidades de dispersión se extienden, dentro de un período de tiempo específico, a regiones de difícil o imposible acceso mediante su capacidad normal de dispersión. Estudios previos sobre la LDD intercontinental, intraoceánica e interoceánica de ostrácodos marinos han descartado, en general, a las aves migratorias como posible vector de dispersión.

Estos especímenes fósiles fueron previamente identificados erróneamente como Cytherissa qaidamensis, una especie de ostrácodo no marino. Tanto los registros fósiles como los existentes confirman que B. bisanensis sl y P. bradyformis se limitan predominantemente a las zonas costeras del Pacífico occidental, incluyendo China, Corea del Sur, Japón y el Lejano Oriente ruso, abarcando un rango latitudinal de aproximadamente 20° a 43° N.


Dispersión a larga distancia de ostrácodos marinos a través de aves acuáticas desde las zonas costeras del océano Pacífico occidental hasta el paleolago Qaidam. Crédito: NIGPAS

El descubrimiento de estos ostrácodos marinos en depósitos terrestres del Pleistoceno de la cuenca de Qaidam, lejos de cualquier costa moderna, sugiere firmemente que la especie se dispersó a larga distancia mediante aves acuáticas migratorias durante el Pleistoceno. Este viaje habría abarcado más de 2000 kilómetros y atravesado extensos continentes interiores.

El hallazgo no solo aporta nueva evidencia fósil que respalda el posible papel de las aves migratorias en la DDL de los ostrácodos marinos, sino que también implica que la Ruta Migratoria de Asia Oriental o Ruta Migratoria Asia Oriental-Australasia —una de las tres principales rutas migratorias modernas del mundo— ya estaba establecida en el Pleistoceno. Además, el antiguo lago Qaidam podría haber servido como una parada clave en esta red migratoria.