martes, 9 de julio de 2024

GAIASIA JENNYAE, LA CREATURA GIGANTE QUE HACE 280 MILLONES DE AÑOS ACECHÓ LOS PANTANOS DE LO QUE HOY ES NAMIBIA.

 40 millones antes que los primeros dinosaurios aparecieran en la Tierra, un feroz depredador rondaba los pantanos prehistóricos.

Medía hasta dos metros y su enorme cráneo de más de medio metro incluía una boca con largos colmillos entrelazados que actuaba como una copa de succión para devorar a sus presas.

Se trata de Gaiasia jennyae, cuyo fósil fue recientemente descubierto en Namibia y descrito por los científicos en un artículo en la revista especializada Nature como una salamandra gigante con una cabeza plana en forma de retrete.


El fósil recibió el nombre por la formación Gai-as en Namibia, donde fue descubierto, y en honor a Jenny Clack, la paleontóloga que se especializó en la evolución de los primero tetrápodos, los vertebrados cuadrúpedos que evolucionaron de los peces con aletas lobuladas y que fueron los ancestros de anfibios, reptiles y mamíferos.

“Encontramos este enorme espécimen que yacía como un gigante solidificado en un saliente rocoso. Fue realmente impactante”, relató Claudia A. Marsicano de la Universidad de Buenos Aires, colíder del equipo investigativo. “Con sólo verlo supe que se trataba de algo completamente diferente. Estamos todos muy emocionados”, expresó la paleontóloga.


El equipo halló varios especímenes, incluyendo uno con un muy buen preservado cráneo articulado con la columna vertebral.

“Después de examinar el cráneo, la estructura frontal me llamó la atención. Era la única parte visible en ese momento y mostraba unos grandes colmillos entrelazados muy inusuales, que creaban una mordida extraña para los tetrápodos primarios”.


Jason Pardo, investigador de postdoctorado del Museo Field de Chicago y coautor del artículo, explicó que la forma de la cabeza y de la mandíbula le permitían abrir la boca y aspirar sus presas. “Contamos con material realmente fantástico, incluyendo un cráneo completo que podemos usar para compararlo con otros animales de esta época y entender cómo fue este animal y qué lo hace único”.

Marsicano añadió que el “nuevo, excepcionalmente grande, tetrápodo acuático aporta información crítica sobre los tetrápodos que habitaron las altas latitudes de Gondwana”, en referencia a las regiones polares de la masa terrestre prehistórica.

Aunque hoy en día Namibia se encuentra apenas al norte de Sudáfrica, hace 300 millones de años estaba mucho más al sur, cerca del paralelo 60, casi a la altura del punto más septentrional de la Antártida actual. Y en ese momento, la Tierra se acercaba al final de una era glacial.

Las tierras pantanosas cercanas al ecuador se estaban secando y se estaban volviendo más boscosas, pero más cerca de los polos, los pantanos permanecían, posiblemente junto a parches de hielo y glaciares.

En las partes más cálidas y secas del mundo, los animales evolucionaron hacia nuevas formas. Los primeros vertebrados de cuatro patas, llamados tetrápodos, se ramificaron y se dividieron en linajes que un día se convertirían en mamíferos, reptiles y anfibios. Pero al margen, en lugares como lo que hoy es Namibia, permanecieron formas más antiguas.



"Es realmente sorprendente que Gaiasia sea tan arcaica”, comentó Pardo. “Estaba emparentada con organismos que se extinguieron probablemente 40 millones de años antes". Y para ser un vestigio extraño de una época aún más antigua, a Gaiasia parecía que le iba bastante bien, posiblemente como el principal depredador de su ecosistema.

"El hecho de que hayamos encontrado a Gaiasia en el extremo sur nos dice que había un ecosistema floreciente que podía sustentar a estos grandes depredadores. Cuanto más busquemos, más respuestas podremos encontrar sobre estos importantes grupos animales que nos interesan, como los ancestros de los mamíferos y los reptiles modernos", concluyó Pardo.

lunes, 17 de junio de 2024

TMESIPTERIS OBLANCEOLATA, EL HELECHO CON EL GENOMA MAS GRANDE DE LA TIERRA.

Un pequeño helecho nativo de la región del Pacífico Sur acaba de romper el récord del genoma más grande encontrado en la historia del planeta. La planta Tmesipteris oblanceolata contiene 160 mil millones de pares de bases. En comparación, con el ser humano solo tiene 3,000 millones de ellos.



 Tmesipteris oblanceolata es una especie rara de helecho que se encuentra en el archipiélago de Nueva Caledonia, territorio francés de ultramar situado en el suroeste del Pacífico, y en algunas de las islas vecinas como Vanuatu. El género Tmesipteris, en sí mismo, es un grupo de plantas poco estudiado que consta de alrededor de 15 especies, la mayoría de las cuales se encuentran distribuidas en diversas islas del Pacífico y Oceanía. Un género único y fascinante de helechos, cuyos ancestros evolucionaron hace unos 350 millones de años, mucho antes de que los dinosaurios pisaran la tierra.



En 2023, un grupo de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), dependiente del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, en el Instituto Botánico de Barcelona (IBB, CSIC-CMCNB), viajaron a Nueva Caledonia para recolectar muestras de Tmesipteris, que fueron posteriormente analizadas para estimar el tamaño de sus genomas mediante la técnica de la citometría de flujo. Los análisis revelaron que la especie Tmesipteris oblanceolata tiene un tamaño de genoma de récord de 160,45 gigabases (Gb), lo que es aproximadamente un 7% más grande que el de Paris japónica (148,89 Gb), una planta endémica de Japón que mantenía este récord desde 2010.



Considerando que un par de bases -la unidad básica del ADN que consta de dos nucleótidos-, mide aproximadamente 0,34 nanómetros de longitud, si pudiésemos desenredar todo el ADN de una sola célula de este helecho sería casi igual de alto que, por ejemplo, la torre de la Giralda de Sevilla. En comparación, el genoma humano, que contiene aproximadamente 3,1 Gb distribuidos en 23 cromosomas, tiene una longitud de ADN en cada célula de tan solo alrededor de 2 metros.

Este estudio, publicado en la revista iScience y dirigido por investigadores del Instituto Botánico de Barcelona (IBB, CSIC-CMCNB) con la participación del Real Jardín Botánico (RJB) del CSIC, Kew Gardens, la Universidad Queen Mary de Londres y el Herbario de Nueva Caledonia, no es fruto de la casualidad. En palabras de Jaume Pellicer, investigador del Instituto Botánico de Barcelona: “Basándonos en estudios previos, ya anticipábamos la existencia de genomas gigantes en Tmesipteris por lo que, este descubrimiento, lejos de ser un logro casual, es el resultado de más de una década de investigaciones explorando la diversidad de tamaños genómicos entre las plantas”.



Hasta la fecha, científicos y científicas de todo el mundo han estudiado el tamaño del genoma de casi 20.000 organismos eucariotas, “revelando la existencia de una extraordinaria diversidad de tamaños de genomas a lo largo del árbol de la vida”, añade Pellicer.  Además, se ha observado que este carácter tiene un impacto profundo no solo en su anatomía, ya que “los genomas más grandes necesitan células más grandes para albergarlos, sino también en cómo funcionan, evolucionan, y dónde y cómo viven”, apunta Oriane Hidalgo, investigadora del Instituto Botánico de Barcelona.

“Sorprendentemente, un tamaño genómico mayor no se refleja necesariamente en un mayor número de genes. Los organismos con genomas gigantes a menudo presentan un exceso de los llamados elementos transponibles. Estos elementos repetidos fueron primeramente descritos por la doctora Barbara McClintock al analizar los cromosomas del maíz, descubrimiento por el cual recibió el Premio Nobel de Medicina”, remarca la investigadora Ramón y Cajal del CSIC en el Real Jardín Botánico de Madrid Lisa Pokorny.



Teniendo en cuenta estas observaciones, la pregunta que ahora se plantean los investigadores es por qué algunas especies tienen genomas tan gigantes y si existe un límite a la cantidad de ADN que un organismo puede albergar en cada célula.

“Hasta ahora, solo un puñado de grupos de animales y vegetales han demostrado tener genomas que se extienden más allá del rango de 100 Gb. Entre los animales, algunos de los genomas más grandes incluyen el del pez pulmonado (Protopterus aethiopicus), con 129,90 Gb, y el del tritón de río (Necturus lewisi), con 117,47 Gb. Sin embargo, llama la atención que seis de los genomas eucarióticos más grandes conocidos hasta el momento se encuentran entre las plantas, incluyendo, por ejemplo, al muérdago europeo (Viscum album), con 100,84 Gb”, concluye Pol Fernández, investigador en el IBB CSIC-CMCNB.


martes, 28 de mayo de 2024

KOLEKEN INAKAYALI, EL DINOSAURIO DE BRAZOS DIMINUTOS QUE HABITÓ LA PATAGONIA ARGENTINA.

 Trabajos de expedición y recolección de restos óseos en la Patagonia, Argentina, han conducido al descubrimiento del Koleken Inakayali, un nuevo tipo de abelisáurido nativo. Esta clase de dinosaurios se caracterizan por ser carnívoros y poseer brazos extremadamente cortos. Habitaron hace 69 millones de años.

Los paleontólogos argentinos nombraron al nuevo abelisáurido como Koleken Inakayali. Este es esencialmente un primo del carnotauro, el dinosaurio de los grandes cuernos. Los miembros de la familia abelisáurida, son reconocidos como depredadores bípedos eficaces, de patas muy robustas, pero de “manos” inútiles. Dichas extremidades anteriores son consideradas como vestigios, atributos que en el transcurso de la evolución se mantuvieron presentes en el espécimen pero que perdieron parcial o totalmente su función primitiva.

El proceso para etiquetar a un nuevo abelisaurido inició a partir de una una garra encontrada en el barro de un yacimiento de restos óseos. Los paleontólogos continuaron excavando hasta encontrar las suficientes partes del dinosaurio. Al principio creyeron que era otro carnotauro pues la zona tiene amplios registros de él, pero tras extensos análisis encontraron diferencias sustanciales que obligaron a una nueva categorización. Entre estas características estaban los huesos nasales que eran completamente distintos y la ausencia de señales de cuernos anchos que surgieran de sus cejas.

Los trabajos de recolección de los fósiles consiguieron la parte trasera del Koleken Inakayali en óptimas condiciones. Además, se percataron que tanto la columna vertebral, la cadera y las patas estaban juntas e íntegras. “Todo eso indica que el dinosaurio fue enterrado y conservado antes de que el cuerpo se descompusiera y las partes se dispersaran”, explicó Diego Pol, paleontólogo y autor principal de la investigación.


Koleken es una palabra en lengua teushen (originaria de Argentina) que significa “procedente de la arcilla y el agua”. Por su parte, Inakayali proviene de Inakayal, el nombre de un cacique del pueblo indígena tehuelche de la Patagonia oriental.

Los abelisáuridos pertenecen al suborden de Teropoda, de donde también derivan el Tiranosaurio Rex y el Velociraptor. Mientras los terópodos gigantes vivieron en América del Norte, los de la familia abelisáurida proliferaron en el hemisferio sur. De ellos hay registros en Chile, Brasil, África y Madagascar. Por lo anterior, los investigadores suponen que se desarrollaron mucho antes de que se separara el supercontinente Gondwana.

El Koleken Inakayali habitó en la misma región que el carnotauro y gigantes herbívoros de cuello largo como el espécimen Titanomachya. No obstante, los paleontólogos no cuentan con la suficiente información como para afirmar que la tríada de dinosaurios formaba parte de un solo ecosistema alimenticio.


Los huesos del nuevo abelisáurido también servirán para comprender el proceso de evolución del clado. No son pocos los dinosaurios de brazos pequeños que se han encontrado, pero cada uno es notablemente distinto a sus contrapartes. Los noasáuridos, por ejemplo, son primos directos del Koleken Inakayali, pero son muy pequeños y ágiles en comparación. Entre más linajes existan de abelisáuridos, mejor será la comprensión de la historia evolutiva luego de distanciarse de su ancestro común (todavía desconocido) en el Jurásico.

El periodo cretácico, donde probablemente vivió el K. Inakayali es la última etapa en la que dejaron de reinar los dinosaurios. Estos se enfrentaron a un fenómeno de extinción en masa donde la mejor hipótesis al respecto fue el impacto de un meteorito cerca de la Península de Yucatán, México.

jueves, 2 de mayo de 2024

PERÍODOS DE AUGE PALEONTOLÓGICO EN EL MUNDO.

 Si bien los restos fósiles de dinosaurios se han encontrado en todas las épocas y en todos los continentes, no es menos cierto que el grueso de sus hallazgos parecen concentrarse en determinados lugares y en determinadas épocas. Así, podemos hablar de:

Periodo europeo: fue el primer continente donde se sistematizó el estudio paleontológico de los dinosaurios, con los hallazgos del reverendo William Buckland, quien entre 1815 y 1824 fue el primero en realizar descripciones científicas de dinosaurios no avianos. Gran Bretaña fue el centro de este periodo, cuyos puntos culminantes fueron la acuñación de la palabra "dinosaurio" por Richard Owen en 1841 y la histórica cena que el mismo paleontólogo organizó en la Nochevieja de 1853 dentro de una reproducción de un Iguanodon en el Crystal Palace de Londres. Precisamente fue Iguanodon el dinosaurio emblemático de aquel periodo, que puede darse por terminado más o menos hacia 1870.



Periodo norteamericano: En 1858, el geólogo William Parker Foulke descubre el primer dinosaurio en los EEUU, concretamente en Haddonfield, Nueva Jersey: la especie sería identificada ese mismo año como Hadrosaurus foulkii por Joseph Leidy, a la sazón el mejor paleontólogo estadounidense de la época. Pero el país no estaba para huesos: se deslizaba en una pendiente imparable hacia la Guerra Civil, que estallaría en 1861. Tras la guerra vino la Reconstrucción, periodo que inaugura en 1870 la época denominada Gilded Era en los EEUU, un periodo de explosión industrial, económica e imperialista que cimentó el futuro de los EEUU como potencia mundial, y que duraría hasta 1890. Esta fue la época en la que trabajaron Marsh y Cope, desenterrando de los recién anexionados territorios del Oeste, arrebatados a los aborígenes, especies emblemáticas como Diplodocus, Allosaurus o Triceratops.


Hadrosaurus foulkii .

Periodo mongol: Tras la Primera Guerra Mundial, el Museo Americano de Historia Natural envía varias expediciones paleontológicas al Desierto de Gobi entre 1920 y 1930 bajo el mando del legendario Roy Chapman Andrews, que fueron prolíficas en descubrimientos. Tras la Segunda Guerra Mundial, los desiertos de Mongolia continuaron dando increíbles descubrimientos esta vez bajo expediciones soviéticas, polacas y mongolas con hallazgos como Protoceratops, Velociraptor y Tarbosaurus y, por primera vez, huevos de dinosaurios. Este periodo puede darse por terminado hacia 1970.


Protoceratops.

Periodo argentino: Si bien el territorio argentino mostró su riqueza en fósiles de dinosaurios ya desde la década de 1920, se puede hablar de una verdadera "explosión" de la paleontología argentina tras el Yacimiento de Ischigualasto en 1967. Podemos hablar de la época de máximo esplendor de los dinosaurios argentinos en la década de 1990, aunque hoy día continúa siendo uno de los "puntos calientes" de los descubrimientos de los dinosaurios. Ejemplos: Argentinosaurus, Patagotitan, Saltasaurus, Herrerasaurus, y un largo etcétera.



Patagotitan fue una de las más importantes aportaciones de la paleontología argentina de dinosaurios.


Periodo chino: Con la apertura económica y comercial de la República Popular China, podemos decir que desde comienzos del siglo XXI nos hallamos en el periodo chino, en el cual China es el epicentro de importantes descubrimientos de dinosaurios, especialmente aquellos que se encuentran en el ascendiente de las aves modernas. Algunos ejemplos: Archaeornithomimus, Avimimus, Caudipteryx, Chungkingosaurus o Mamenchisaurus.


Archaeornithomimus.



lunes, 15 de abril de 2024

LAS CONÍFERAS GIGANTES Y LOS HELECHOS ARBORESCENTES FUERON LOS ALIMENTOS PREFERIDOS POR LOS DINOSAURIOS IBÉRICOS.

 Una investigación desvela con muestra de esporas, polen y algas recogida en un yacimiento de la población castellonense lo que comían los dinosaurios herbívoros hace 125 millones de años.



Sale a la luz la dieta de los dinosaurios herbívoros que habitaron los ecosistemas ibéricos hace 125 millones de años. Un equipo multidisciplinar e internacional de paleontólogos acaba de publicar un estudio -recogido por la revista científica Cretaceous Research- que pone fin al desequilibrio existente entre la gran cantidad de datos sobre los abundantes restos fósiles de dinosaurios que habitaron la comarca de Els Ports (Castellón) durante el Cretácico Inferior, y la escasa información sobre la vegetación que conformaba los ecosistemas en los que se movían y, por tanto, una parte importante de la dieta de ejemplares como Iguanodon o Morelladon.



Las coníferas y los helechos revestían los bosques costeros, próximos a un delta, que copaban esta región del norte de Castellón, constituyendo así la base de la alimentación de los dinosaurios herbívoros del entorno peninsular durante el Cretácico Inferior, según este estudio, que ha identificado en el municipio castellonense de Morella la flora de los ecosistemas continentales de hace 125 millones de años. Concretamente 27 géneros de esporas, pólenes, algas y dinoflagelados, que han podido ser documentados entre la muestra estudiada.


El trabajo se ha centrado en los restos palinológicos de uno de los últimos yacimientos localizados en la Concesión Minera Vega del Moll de Morella, el área de explotación extra ubicada junto a la fructífera cantera de arcilla del Mas de la Parreta, cuyas prospecciones han arrojado de la mano de sus 18 yacimientos 5.000 de los más de 7.000 restos fósiles que ha sacado a la luz en los últimos años el subsuelo de la capital de la comarca de Els Ports, que configura uno de los mejores registros del Cretácico Inferior de Europa.

Vega del Moll, que triplica la superficie de su área predecesora, garantizando a la paleontología morellana varios años de investigación, ha sacado además a la luz un nuevo, y aún por estudiar, ejemplar de dinosaurio relacionado con la especie Iguanodon bernissartensis. “Está en fase de preparación y estudio”, explica el paleontólogo José Miguel Gasulla, miembro del Grupo de Biología Evolutiva de la UNED y director del seguimiento paleontológico de la Concesión Minera Vega del Moll.


De esta forma, los datos obtenidos permiten identificar que las comunidades de plantas que acompañaban a las poblaciones de este dinosaurio estaban dominadas por coníferas que podrían alcanzar grandes dimensiones, como el grupo de las extintas Cheirolepidiaceae. Estaban acompañadas de helechos arborescentes del grupo de las ciateáceas y otras coníferas que alcanzaron ingentes alturas pertenecientes al grupo de las podocarpáceas, actualmente restringidas al hemisferio sur. Toda esta vegetación estaría secundada por un denso sotobosque formado por helechos de pequeño tamaño y plantas hepáticas, entre las que se moverían las poblaciones de Iguanodon y otros dinosaurios de costumbres gregarias, señala el estudio.

La investigación ha puesto el foco también en el ambiente sobre el que se depositaron los materiales que dieron lugar al yacimiento y su relación con los ambientes sedimentarios de otras localidades europeas en las que también se han hallado restos fósiles del dinosaurio Iguanodon bernissartensis. En concreto, la evidencia fósil tanto florística como sedimentológica indica que el ecosistema en esta región peninsular se correspondía con un bosque costero muy cercano a una zona deltaica en la que las condiciones ambientales eran cálidas y húmedas.


Sobre los hábitos alimenticios de dinosaurios como Iguanodon o Morelladon, los resultados obtenidos en el estudio sugieren que tanto las frondes de estos dos grupos de helechos como las hojas de esas coníferas podrían estar entre las principales fuentes de alimento de las poblaciones europeas más meridionales de Iguanodon bernissartensis.

De este análisis comparativo se ha podido determinar que esta especie de dinosaurio herbívoro, ampliamente distribuido por la región más occidental de lo que es actualmente Europa, presentaba una amplia plasticidad en cuanto a la selección de ambientes, lo que le permitió ser uno de los dinosaurios con un mayor éxito ecológico dentro de las comunidades con dinosaurios del Cretácico Inferior europeo.

El estudio ha contado con la colaboración de investigadores y paleontólogos Universidade de Vigo, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Universidad de Bonn y el Grupo de Biología Evolutiva de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).


HACE 75 MIL AÑOS LA ERUPCIÓN DEL VOLCÁN TOBA, DEJÓ SIN VERANO AL PLANETA Y CASI EXTERMINA A LA HUMANIDAD .

 Hubo un volcán que a punto estuvo de acabar con la vida humana. Fue el Toba, en Indonesia. Su erupción ocurrió hace 75.000 años y es, hasta el momento, la mayor erupción en la historia de la humanidad. Cambió el clima: durante 10 años, en la Tierra no hubo verano.


El anillo de fuego del Pacífico concentra el 75% de los volcanes de la tierra. De ellos, los más potentes están en Indonesia, y de esos, el mayor es el Toba. Es tan grande que dentro de su caldera hay un lago y una isla: tiene 100 kilómetros de largo y 35 de ancho.

La suya fue la mayor erupción volcánica de la historia de la humanidad. Tan grande que cambió el clima. Las cenizas y gases se extendieron por toda la tierra, bloqueando los rayos solares. La luz se redujo entre un 25% y un 90%, dependiendo de la zona, y la temperatura de la tierra se redujo entre 3 y 5 grados centígrados.


Fue entonces cuando el planeta entró en un periodo gélido con casi diez años seguidos sin verano. Árboles y plantas se secaron, los animales que dependían de ellas murieron y los humanos, cazadores recolectores, cayeron con todos.

Una teoría científica defiende que el ser humano estuvo a punto de extinguirse y que solo 2.000 pudieron sobrevivir, según los cálculos más extremos. Uno de los pocos lugares donde estuvieron a salvo, puede que el único, fue la costa sur de África. Los que se quedaron allí salieron adelante gracias a un alimento que encontraron en el mar: el marisco.


Hoy la teoría de la casi extinción humana ha sido puesta en entredicho por algunos científicos. Pero lo que es seguro es que la erupción del Toga fue 100 veces mayor que la del Tambora o el Rinjani, dos de los más destructivos de la historia y miles de veces mayor que las bombas atómicas de Hirosima y Nagasaki.

lunes, 1 de abril de 2024

EL JACULINYKUS YARUUI, HALLADO EN MONGOLIA, DORMIA COMO LAS AVES ACTUALES.

 Los descubrimientos paleontológicos no se detienen, como lo muestra un reciente hallazgo en la Formación Baruungoyot del Cretácico superior de Mongolia, el cual da a conocer un nuevo espécimen de dinosaurio perteneciente al grupo de terópodos maniraptoranos: el Jaculinykus yaruui. 




Dicho hallazgo comprende un esqueleto casi completo y articulado, que puede ser una pieza importante para conocer más acerca de la anatomía, ecología y la evolución de los dinosaurios. Los restos que fueron encontrados pertenecen al subclado de Alvarezsauridae, Parvicursorinae, que establecen un grupo monofilético con Mononykus y Shuvuuia.




Su mano, bien conservada, tiene solamente dos dedos, un dedo  hipertrofiado y otro dedo  muy reducido, implicando una condición intermediaria entre la mano tridáctila de Shuvuuia y la mano monodáctila de Linhenykus, lo que se traduce en una variación no reconocida en la especialización de los manos alvarezsáuridos, pues la postura conservada de este espécimen exhibe una posición estereotipada para dormir parecida a la de un ave que se puede observar en los trodóntidos Mei y Sinornithoides, lo que evidencia que las posturas estereotipadas de las aves son una sinapomorfia maniraptora, otorgando más evidencia sobre los rasgos similares a los de las aves que se distribuyen de manera amplia entre los ancestros aviares.