miércoles, 5 de febrero de 2025

EUNOTOSAURUS, LA PRIMERA TORTUGA

 Hace unos 260 millones de años, en el Pérmico medio, todos los continentes estaban unidos en el supercontinente de Pangea. En Sudáfrica, por entonces en el interior de este continente, el clima era cálido y seco, con intensas lluvias estacionales que provocan inundaciones. Es una región surcada por ríos procedentes de las montañas antárticas, más al sur. Cerca del agua la vegetación es abundante, con helechos, equisetos y glosopteridales, que se encuentran entre las primeras plantas con semillas. Hay una gran variedad de reptiles que forman cadenas alimentarias complejas: insectívoros, herbívoros, carnívoros. Los más diversos son los terápsidos, el grupo del que evolucionaron los mamíferos. Pero hay otros.



Eunotosaurus es un pariente próximo de las primeras tortugas. Es un lagarto herbívoro rechoncho de unos treinta centímetros de longitud, con el cuello corto. A diferencia de las tortugas actuales, tiene dientes, y carece de caparazón. Los huesos de los ojos indican que es capaz de ver con poca luz. Las patas delenteras son fuertes, con grandes garras.



Las costillas de Eunotosaurus, nueve pares, son anchas y aplanadas, en forma de placas imbricadas semejantes a las del caparazón de las primeras tortugas. La cara superior de las costillas es convexa, mientras que por la inferior corre una estrecha cresta. Sus vértebras, que en los adultos están fusionadas a las costillas, son casi idénticas en número, forma y estructura a las de algunas tortugas. Además, al igual que las tortugas, Eunotosaurus carece de fibras de Sharpey en el borde anterior de las costillas. Estas fibras sirven para conectar las costillas con los músculos intercostales, que sirven para la respiración. En lugar de intercostales, las tortugas tienen unos músculos conectados a la parte inferior de las costillas que les sirven para la locomoción. Probablemente en Eunotosaurus ocurriera lo mismo. La pelvis y los omóplatos, sin embargo, no se encuentran dentro de la caja torácica, como ocurre en las tortugas, sino fuera, como en el resto de los vertebrados terrestres.


Durante muchas décadas se ha clasificado a las tortugas por su anatomía en el grupo de los anápsidos o pararreptiles, que se caracterizan porque su cráneo carece de aberturas. Los reptiles modernos, con las aves y los dinosaurios, forman el grupo de los diápsidos, que presentan en el cráneo dos aberturas por detrás de las órbitas oculares, las llamadas fosas temporales, en las que se insertan los músculos de la mandíbula inferior. Pero cuando se empezaron a añadir datos genéticos de reptiles vivientes a los análisis, resultaba que las tortugas formaban parte de los diápsidos, y resultaban ser parientes próximos de los plesiosaurios. ¿Habían perdido las tortugas las fosas temporales en el curso de la evolución? De ser este el caso, se esperaría encontrar fósiles de tortugas primitivas con cráneos diápsidos, con fosas temporales. No parecía este el caso de Eunotosaurus. Pero en 2015, un equipo dirigido por el paleontólogo Gabe Bever, por entonces en la Escuela de Medicina Osteopática del Instituto de Tecnología de Nueva York, publicó los resultados de un estudio de cuatro años de varios cráneos de Eunotosaurus conservados en museos de Sudáfrica. Al observar los cráneos mediante tomografía de rayos X descubrieron claras evidencias de fosas temporales en los ejemplares jóvenes, mientras que en los adultos las fosas prácticamente desaparecen.



Así se explica la evolución del cráneo de las tortugas. Generación tras generación, las fosas temporales se iban cerrando cada vez a menor edad, hasta que desaparecieron. La semejanza del cráneo de las tortugas con el de los pararreptiles es un ejemplo más de evolución convergente. Si las tortugas no son pararreptiles, los pararreptiles están extinguidos.

Los ojos adaptados a la escasez de luz, las fuertes patas delanteras, que cuentan con el apoyo de las anchas costillas, y las grandes garras, sugieren que Eunotosaurus era un animal excavador. Curioso origen para un grupo como el las tortugas, en el que gran parte de sus miembros son acuáticos.

lunes, 20 de enero de 2025

WILLIAM SMITH, CREADOR DEL PRIMER MAPA GEOLÓGICO DE LA HISTORIA..

 Además de ser el creador del primer mapa geológico de la Historia, se le considera como el «padre» de la moderna estratigrafía.

  William Smith , geólogo británico,  (23 de marzo de 1769 – 28 de agosto de 1839).




A la edad de dieciocho años, en 1787, encontró trabajo como auxiliar para Edward Webb, topógrafo. Aprendió rápido, y pronto se hizo perito. Atravesó las tierras de Oolitic de Oxfordshire y de Gloucestershire, las arcillas del Lias y los marls rojos de Warwickshire y de otros distritos, estudiando sus variedades de estratos y de suelos.

En 1793 ejecutó los exámenes para la línea del canal del carbón de Somerset, en el curso de el cual confirmó una suposición anterior, que el buzamiento de los estratos que medía sobre el carbón no eran horizontales, sino inclinados en una dirección -hacia este- para terminar sucesivamente en la superficie.


Observó las capas de la roca, viendo que cada conjunto de estratos particular se podría identificar por los fósiles que contenía, y que las mismas sucesiones de rocas y grupos fósiles, de más antiguos a más recientes, se podían encontrar en muchas partes de Inglaterra. Esto dio a Smith una hipótesis comprobable, que llamó el principio de sucesión faunística, y comenzó su búsqueda para determinar si las relaciones entre los estratos y sus características eran constantes a través del país, durante recorridos subsecuentes, primero como topógrafo (designado por el ingeniero Juan Rennie) para la compañía del canal, hasta 1799 cuando lo despidieron. Después siguió tomando muestras y trazó las localizaciones de los varios estratos, y exhibía el grado vertical de los estratos, y dibujaba continuamente secciones representativas y las tablas de lo que vio.

El principio de la sucesión faunística o de la correlación establece que el contenido fósil de las rocas sedimentarias varía verticalmente en un determinado orden y que cada conjunto se puede identificar horizontalmente a distancias considerables. Es decir, en rocas de diferentes edades se conservan fósiles correspondientes a organismos paleobiológicos diferentes (variación vertical) y para cada edad se pueden identificar fósiles de los mismos taxones en áreas alejadas (correlación horizontal). La base de este principio es la irreversibilidad de la evolución biológica, una vez que una especie se ha extinguido, no vuelve a aparecer.



Encontró que aunque variase la composición litológica de los estratos, los de la misma edad contenían los mismos fósiles. Con esto creó las bases de la aplicación de la paleontología a la geología, es decir, la «Paleontología estratigráfica» y concluyó, asimismo, que los organismos habían cambiado en el tiempo. Estableció las bases de la bioestratigrafía, utilizando los fósiles como herramienta para caracterizar, subdividir y correlacionar estratos de regiones diferentes y, principalmente, ordenarlas en una secuencia temporal relativa. Está considerado como el creador de la moderna estratigrafía.




En 1815 publicó el primer mapa geológico del mundo. Cubría el conjunto de Inglaterra y de País de Gales. Los símbolos convencionales fueron utilizados para marcar minas de los canales, de los túneles, de los tranvías y de los caminos, de las minas de carbón, del plomo, del cobre y de la lata, junto con trabajos de la sal y del alumbre.

Los varios tipos geológicos fueron indicados por diversos colores; los mapas eran coloreados a mano. Sin embargo, el mapa es notable similar a los mapas geológicos modernos de Inglaterra.



En 1816, comenzó la publicación de los estratos identificados por los fósiles organizados, con las figuras impresas en el papel para corresponder un cierto grado con la tonalidad natural de los estratos. En este trabajo (de los cuáles solamente cuatro fueron publicados, 1816-19) se ejemplifica el gran principio que estableció de la identificación de estratos por su restos orgánico incluido. Desafortunadamente, sus cartas eran pronto plagiados y vendidos a precios más bajos. Por ello se endeudó y finalmente se arruinó.



En 1817 dibujó una sección geológica notable de Snowdon, en Londres. La colección de Smith de fósiles fue comprada en 1816-18 por el Museo Británico.

En 1817 una porción del catálogo descriptivo fue publicada bajo título de un sistema Stratigraphical de fósiles organizados. El mapa fue reducido a una forma más pequeña en 1819; y a partir de esta fecha a 1822, veintiun cartas geológicos del condado separado y a varias hojas de secciones fueron publicados en los años sucesivos, el conjunto que constituía un atlas geológico de Inglaterra y de País de Gales.



No era hasta febrero de 1831 que la Sociedad Geológica de Londres confirió a Smith la primera medalla Wollaston en el reconocimiento de su logro. Estaba en esta ocasión el presidente, Adán Sedgwick, quien refirió a Smith como ”el padre de la geología inglesa”. Smith viajó a Dublín con la asociación británica en 1835, y recibió totalmente inesperado un doctorado honorario de la Universidad de la Trinidad.



martes, 14 de enero de 2025

LA FLUORECENCIA ESTIMULADA POR LOS RAYOS ULTRAVIOLETA REVELA NUEVOS ESPECÍMENES OCULTOS DE PTERODÁCTYLUS

 Pterosaurio (del griego Pterosauria, por "lagartos alados") es el término de uso común para denominar a una especie de reptiles voladores (saurópsidos arcosaurios) que existieron durante casi toda la Era Mesozoica (entre 228 y 66 millones de años atrás). SI bien comúnmente son llamados pterodáctilos, este nombre designa sólo a una parte de esta gran familia que conformaban los primeros vertebrados en conquistar el aire.



Una compleja membrana sostenida por el cuarto dedo hipertrofiado de la mano, daban forma y estructura a sus alas, y todo su cuerpo estaba cubierto de plumas, algunas muy coloridas.

Un reciente estudio ha podido hallar cerca de 50 parientes hasta ahora ocultos del pterodáctilo, el primer pterosaurio, los que permitirán a los científicos reconstruir la historia de vida de este reptil volador desde la cría hasta la edad adulta.

El naturalista italiano Cosmo Alessandro Collini descubrió la primera evidencia fósil de pterodáctilos en 1784 en los yacimientos de caliza de Eichstätt, en Baviera (Alemania). Y recién en 1824, el naturalista británico William Buckland presentó al célebre Megalosauro en una reunión de la Sociedad Geológica de Londres, siendo el primero en describir el primer dinosaurio conocido.

Isaac Newton murió en 1727.



El primer fósil de pterosaurio, de 150 millones de años, tenía sólo el tamaño de una paloma, pero proporcionó la primera evidencia de un extraordinario grupo de reptiles voladores que llenaron los cielos del Mesozoico, volando sobre las cabezas de los dinosaurios, con alas que podrían extenderse hasta 10 metros o más.


Grabado de William Buckland, describiendo "la extremidad anterior de la mandíbula derecha inferior del Megalosaurus de Stonesfield cerca de Oxford", en 1824.

Este pterodáctilo quedó eclipsado por pterosaurios gigantes y más aterradores, como el Pteranodon y Quetzalcoatlus, que son los que dominan el imaginario de la mayoría de la gente. Sin embargo, el pequeño pterodáctilo siguió siendo uno de los favoritos entre los científicos de pterosaurios.



Fotos UV de los pies de Diopecéfalo kochi (A) y Pterodactylus antiquus (B). Barras de escala: 5 mm.

Al igual que para la mayoría de nosotros, esta confusión ha persistido durante siglos también para la ciencia. Pero gracias a un estudio que analizó, mediante luces ultravioleta, decenas de ejemplares de pterodáctilos en museos de todo el mundo, el misterio ha quedado resuelto y finalmente se ha descubierto la verdadera identidad de estos fósiles.

Los paleontólogos de la Universidad de Leicester, Robert Smyth y el Dr. Dave Unwin, pudieron sacar a la luz pequeños detalles óseos casi invisibles que distinguen un tipo de pterosaurio de otro. Identificando características óseas únicas que se encuentran en la cabeza, caderas, manos y pies, Smyth y Unwin revisaron sistemáticamente otros fósiles de los mismos depósitos y, para su sorpresa, gracias a la fluorescencia estimulada por rayos UV que reveló una sorprendente cantidad de detalles, descubrieron muchos otros ejemplos de pterodáctilos “camuflados” entre lo que se pensaba que eran otras especies de pterosaurios.



De pequeños, los pterodáctilos no son más grandes que un gorrión. La mayoría de los especímenes conocidos son comparables en tamaño a una paloma. Los adultos tenían una envergadura que superaba el metro. A diferencia de las aves, que deben crecer antes de volar, incluso los pterodáctilos más pequeños fueron capaces de volar desde una edad temprana.

Así fue como pudieron establecer un extenso retrato familiar de los pterodáctilos, que abarca desde “bebés pterodáctilo”, crías del tamaño de un petirrojo; pasando por “pterodáctilos adolescentes”, hasta pterodáctilos adultos del tamaño de un cuervo con una envergadura de casi diez veces mayor. De allí se desprende que este estudio tendrá un impacto revolucionario en nuestra comprensión de los pterosaurios.

miércoles, 11 de diciembre de 2024

LAS HECES Y LOS VÓMITOS DE LOS DINOSAURIOS REVELAN LA ASOMBROSA FORMA DE MANTENERSE EN EL PLANETA.

 ¿Cómo llegaron los dinosaurios a ser una especie dominante en el planeta?

Es conocido que el fin de ese largo dominio ocurrió tras el impacto de un asteroide hace 66 millones de años.

Pero el misterio de cómo estos gigantes superaron otras especies y llegaron a reinar en el planeta ha ocupado a los científicos durante años.



PARA COMPRENDER MEJOR EL HALLAZGO.

Los fósiles de heces se llaman coprolitos. Los fósiles de vómitos se llaman regurgitados. Juntos se llaman bromalitos.

Estos fósiles permiten reconstruir las redes alimentarias de ecosistemas del pasado y lo que contienen, incluyendo insectos, es extraordinario.

“¡Los insectos eran increíbles! Algunos tenían sólo 1mm de largo, pero se conservaban con todas sus diminutas patas, antenas y detalles intrincados: ¡en un coprolito de 230 millones de años! “, dijo el paleontólogo Martin Qvarnström de la Universidad de Uppsala en Suecia, autor principal del estudio.

También descubrimos coprolitos llenos de fragmentos de hueso masticados y dientes aplastados. Resulta que el primer arcosaurio Smok masticaba huesos como las hienas modernas para extraer médula y nutrientes, pero al hacerlo aplastaba y se tragaba sus propios dientes", agrega Qvarnström.



los dinosaurios surgieron hace aproximadamente 230 millones de años.

Pero al principio fueron eclipsados por otros animales, incluyendo grandes parientes de los cocodrilos y herbívoros del tamaño de elefantes.

Sin embargo, hace unos 200 millones de años, los dinosaurios pasaron a dominar y sus principales competidores desaparecieron.

"Abordamos el surgimiento de los dinosaurios de una manera completamente novedosa”, explica Qvarnström.

“Analizamos la evidencia alimentaria para deducir el papel ecológico de los dinosaurios a lo largo de sus primeros 30 millones de años de evolución".

El estudio se centró en una región de Polonia con una gran cantidad de fósiles de ese período crucial.

"Estudiamos más de 100 kilogramos de heces fosilizadas", señala Grzegorz Niedźwiedzki, paleontólogo y geólogo de la Universidad de Uppsala y del Instituto Geológico Polaco y otro de los autores del estudio.




Qvarnström y sus colegas examinaron más de 500 bromalitos y analizaron su contenido.

Los científicos utilizaron diferentes tipos de microscopios y una técnica conocida como microtomografía sincrotrón, que usa un acelerador de partículas para ver en detalle el interior de los fósiles.

El análisis de los materiales digestivos permitió a los investigadores descifrar “quién se comía a quién y ver esta tendencia durante un período de tiempo tan largo", dice Qvarnström.

¿Cómo pueden los investigadores saber quién produjo esas heces?

Fósiles de huesos y huellas muestran qué animales estaban presentes en un momento determinado.

Y los investigadores dedujeron quién produjo un coprolito determinado basándose en factores como el tamaño y forma del fósil, y en el sistema digestivo de parientes vivos de estos animales extintos.





El equipo descubrió que el número y la variedad del contenido de los fósiles aumentaron con el tiempo.

Esto indica que los dinosaurios más grandes con hábitos alimentarios más diversos comenzaron a ganar prominencia a finales del período Triásico (hace entre 237 millones y 201 millones de años).

Al comparar los fósiles con datos de plantas de la época, los científicos descubrieron que el ascenso de los dinosaurios estuvo determinado por el azar y las adaptaciones.

Por ejemplo, el clima cambió y hubo un aumento de la humedad, lo que modificó la vegetación disponible.

Los dinosaurios pudieron adaptarse mejor que otros animales terrestres a este clima cambiante y a las modificaciones en la dieta que otros animales terrestres.

Otros cambios ambientales relacionados con el aumento de la actividad volcánica precipitaron una gama más amplia de plantas que explotaron dinosaurios herbívoros, cada vez más grandes.

La proliferación de grandes dinosaurios herbívoros llevó a su vez a la evolución de dinosaurios carnívoros más grandes.

"Lo que aprendimos fue que el surgimiento de los dinosaurios tomó bastante tiempo y fue realmente complejo", dice Qvarnström.

El dominio de los dinosaurios “no sucedió de la noche a la mañana; los dinosaurios tuvieron que competir ferozmente con otros grupos de animales, y un poco de suerte influyó”.

La adaptabilidad de los primeros dinosaurios era vital, según el científico.

"Los animales con dietas más especializadas lucharon con los climas cambiantes".

En cambio, “los animales con dietas más variadas parecen haber afrontado mejor los cambios ambientales, lo que fue crucial para el éxito temprano de los dinosaurios, mientras que los primeros dinosaurios se las arreglaron mejor con sus dietas variadas y su flexibilidad”.

El estudio ayuda a comprender cómo responde la vida a diferentes presiones, incluyendo las derivadas del cambio climático.

revista Nature, puede hallarse en heces y vómitos fosilizados de dinosaurios de hace más de 200 millones de años. 



miércoles, 13 de noviembre de 2024

DESCUBREN EN COLOMBIA EL FÓSIL DE UN "AVE DEL TERROR", EL MAYOR DEPREDADOR DESPUÉS DE LOS DINOSAURIOS.

 Un nuevo fósil descubierto en Colombia revela la presencia de un ‘ave del terror’ de más de 150 kg en ecosistemas tropicales de hace 12 millones de años.


Hace millones de años, el continente sudamericano era hogar de criaturas extraordinarias. Entre ellas, los phorusrhacidae, conocidos como “aves del terror”, se destacaban como depredadores de gran tamaño que gobernaban sus entornos. Estos gigantes alcanzaban alturas superiores a los 2.5 metros y, con picos letales y cuerpos ágiles, se situaban en la cima de la cadena alimentaria. Hoy, un nuevo descubrimiento fósil en el sitio de La Venta, Colombia, añade una pieza fascinante a la historia de estos enigmáticos animales y su expansión por el continente.


La investigación, de un equipo internacional, describe el hallazgo de un fósil de una de las aves del terror más grandes que se conocen. Esta ave, potencialmente perteneciente a una nueva especie, revela no solo la asombrosa diversidad de estos depredadores, sino también que algunos lograron adaptarse a climas tropicales y zonas húmedas, lejos de las áridas planicies de Argentina y Brasil, donde se han encontrado la mayoría de los fósiles de estas aves.

Los phorusrhacidae fueron aves terrestres de enorme tamaño que vivieron en América del Sur durante buena parte de la era Cenozoica, cuando no existían grandes mamíferos depredadores en la región, lo que les permitió convertirse en los principales predadores terrestres. Se diversificaron en distintas especies, con tamaños que iban desde los 5 hasta más de 150 kilogramos, ocupando distintos nichos ecológicos.


El fósil fue descubierto por César Perdomo, un paleontólogo empírico, en La Venta, Huila. Este fragmento del tibiotarso, un hueso de las patas de las aves, formaba parte de la colección de su museo “La Tormenta” y permaneció sin identificar por años. Finalmente, un grupo de científicos, liderado por el argentino Federico Degrange, reconoció que se trataba de un “ave del terror”. Los estudios publicados en Papers in Paleontology indican que este fósil representa el primer registro de un forusrácido en el trópico de las Américas, y posiblemente uno de los especímenes más grandes de su tipo.


El fósil fue encontrado en la década de 2000 en el desierto de la Tatacoa, una zona árida en la actualidad pero que, en el Mioceno, era un área de vegetación densa, con ríos, humedales y bosques. El ejemplar de La Venta, asignado al subgrupo ‘Phorusrhacinae’, no solo destaca por su tamaño —probablemente uno de los más grandes de su tipo—, sino por su presencia en un entorno tan distinto al de sus parientes en el sur. De acuerdo con el Dr. Degrange, el fósil muestra que estos depredadores podían adaptarse a climas tropicales y ambientes húmedos, extendiendo su dominio hacia nuevas regiones, donde cazaban en paisajes de ríos y pantanos.

La adaptación de los phorusrhacidae a estos ambientes sugiere que estos depredadores tenían una capacidad de dispersión y adaptación mucho mayor de lo que se pensaba. Al expandirse en hábitats tan distintos, competían con otros carnívoros terrestres y con grandes cocodrilos como el Purussaurus neivensis, que alcanzaba los nueve metros de largo y cuyo enorme tamaño lo convertía en otro de los grandes cazadores de la época. Marcas de dientes en el fósil indican que este espécimen en particular, de alguna forma, estuvo en contacto con un Purussaurus, aunque no se sabe si el caimán se alimentó del ave en vida o si consumió sus restos tras su muerte.


Los investigadores creen que el tamaño de estas aves fue clave para su éxito como depredadores, y el estudio de fósiles como el de La Venta podría ayudar a entender cómo y por qué llegaron a desarrollarse hasta tales dimensiones. Para Degrange, la gran talla de los phorusrhacidae es uno de los aspectos más intrigantes de su biología, y sugiere que una intensa competencia entre especies podría haber impulsado esta evolución hacia cuerpos cada vez más grandes. Sin embargo, a pesar de sus adaptaciones, estos pájaros gigantes finalmente se extinguieron, probablemente debido a cambios ambientales y climáticos que transformaron sus hábitats en el Pleistoceno, hace menos de 12.000 años.

Aunque se han encontrado fósiles de aves del terror en Texas y Florida, el nuevo fósil de Colombia representa el punto más septentrional en el continente sudamericano. Este hallazgo también apoya la teoría de que estos depredadores usaron América Central como un puente para alcanzar América del Norte, probablemente durante el Gran Intercambio Biótico Americano, cuando el istmo de Panamá se levantó y conectó ambos continentes hace unos 3 millones de años.


La fauna del sitio de La Venta revela una gran diversidad de especies que convivían en estos entornos húmedos y verdes. Durante el Mioceno, este ecosistema incluía desde mamíferos con pezuñas, posibles presas de las "aves del terror", hasta reptiles gigantes, armadillos prehistóricos y una rica avifauna que incluía aves acuáticas, pescadoras y percheras. De acuerdo con los estudios de la época, se cree que La Venta era una combinación de sabanas y áreas de bosque con cuerpos de agua que permitían el desarrollo de una megafauna única en el continente.

Para los investigadores, el descubrimiento de este nuevo fósil también invita a considerar la posibilidad de hallar más restos de aves del terror en regiones que hasta ahora no se habían explorado tan a fondo, como el norte de Sudamérica o incluso América Central. Karen Moreno, una paleontóloga que no participó en el estudio, cree que estos hallazgos son esenciales para entender mejor cómo funcionaban las relaciones de depredador y presa en los ecosistemas tropicales del pasado. Moreno sugiere que estos descubrimientos demuestran que las aves aún ocupaban una posición dominante en la cadena trófica de América del Sur millones de años después de la desaparición de los dinosaurios.


A pesar de su éxito evolutivo, las "aves del terror" finalmente desaparecieron. Los expertos coinciden en que factores ambientales jugaron un papel importante en la extinción de estos animales, aunque las causas exactas siguen siendo un misterio. El Mioceno fue un periodo de cambios climáticos y geográficos importantes, con variaciones en las temperaturas y en los niveles de los océanos que alteraron los ecosistemas.

Este hallazgo nos recuerda que la historia de la vida en la Tierra está llena de gigantes desconocidos y de criaturas que desaparecieron sin dejar rastro, dejando únicamente restos fósiles como testigos de su existencia. A medida que los paleontólogos siguen desenterrando estos vestigios, nuestro conocimiento de estas especies enigmáticas sigue creciendo, iluminando el rico y vasto ecosistema que alguna vez prosperó en los trópicos sudamericanos.



MODELOS DE AVES DEL TERROR EN OTROS PAÍSES.


viernes, 11 de octubre de 2024

LAS HORMIGAS INICIARON LA AGRICULTURA HACE 66 MILLONES DE AÑOS.

 Cuando los humanos empezaron a cultivar hace miles de años, la agricultura ya existía desde hacía millones de años. De hecho, varios linajes de animales han cultivado sus propios alimentos desde mucho antes de que los humanos evolucionaran como especie.

Según un nuevo estudio, las colonias de hormigas empezaron a cultivar hongos cuando un asteroide impactó contra la Tierra hace 66 millones de años. Este impacto provocó una extinción masiva global, pero también creó las condiciones ideales para que prosperaran los hongos. Las innovadoras hormigas empezaron a cultivar los hongos, creando una asociación evolutiva que se estrechó aún más hace 27 millones de años y continúa hasta hoy.


En un artículo publicado, el 3 de octubre en la revista Science, científicos del Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian analizaron datos genéticos de cientos de especies de hongos y hormigas para elaborar detallados árboles evolutivos. La comparación de estos árboles permitió a los investigadores crear una cronología evolutiva de la agricultura de las hormigas y determinar con precisión cuándo empezaron a cultivar hongos.

“Las hormigas llevan practicando la agricultura y el cultivo de hongos mucho más tiempo que los humanos”, afirma el entomólogo Ted Schultz, conservador de hormigas del museo y autor principal del nuevo trabajo. “Probablemente podríamos aprender algo del éxito agrícola de estas hormigas durante los últimos 66 millones de años”.


Cerca de 250 especies de hormigas de América y el Caribe cultivan hongos. Los investigadores organizan estas hormigas en cuatro sistemas agrícolas en función de sus estrategias de cultivo. Las hormigas cortadoras de hojas se encuentran entre las que practican la estrategia más avanzada, conocida como agricultura superior. Estas hormigas cosechan trozos de vegetación fresca para proporcionar sustento a sus hongos, que a su vez cultivan alimentos para las hormigas llamados gongylidia. Este alimento ayuda a alimentar complejas colonias de hormigas cortadoras de hojas que se pueden llegar a contar por millones.

Schultz lleva 35 años estudiando la relación evolutiva entre hormigas y hongos. Ha realizado más de 30 expediciones a lugares de América Central y del Sur para observar esta interacción en la naturaleza y ha criado colonias de hormigas cortadoras de hojas y otras hormigas que se alimentan de hongos en su laboratorio del museo. A lo largo de los años, Schultz y sus colegas han recogido miles de muestras genéticas de hormigas y hongos de todos los trópicos.


“Para detectar realmente patrones y reconstruir cómo ha evolucionado esta asociación a lo largo del tiempo, se necesitan muchas muestras de hormigas y sus variedades de hongos”, explica Schultz.

El equipo utilizó las muestras para secuenciar datos genéticos de 475 especies distintas de hongos (288 de los cuales son cultivados por hormigas) y 276 especies distintas de hormigas (208 de las cuales cultivan hongos), el mayor conjunto de datos genéticos de hormigas cultivadoras de hongos jamás reunido. Esto permitió a los investigadores crear árboles evolutivos de los dos grupos. La comparación de las especies de hongos silvestres con sus parientes cultivados ayudó a los investigadores a determinar cuándo empezaron las hormigas a utilizar determinados hongos.

Los datos revelaron que las hormigas y los hongos han estado entrelazados durante 66 millones de años. Más o menos en la época en que un asteroide chocó con la Tierra a finales del Cretácico. Esta colisión cataclísmica llenó la atmósfera de polvo y escombros, que bloquearon el sol e impidieron la fotosíntesis durante años. La extinción masiva resultante acabó con aproximadamente la mitad de todas las especies vegetales de la Tierra en aquella época.




Sin embargo, esta catástrofe fue una bendición para los hongos. Estos organismos proliferaron al consumir la abundante materia vegetal muerta que cubría el suelo.

“Los fenómenos de extinción pueden ser catastróficos para la mayoría de los organismos, pero también pueden ser positivos para otros”, explica Schultz. “Al final del Cretácico, a los dinosaurios no les fue muy bien, pero los hongos vivieron un apogeo”.

Muchos de los hongos que proliferaron durante este periodo probablemente se alimentaron de hojarasca en descomposición, lo que les puso en estrecho contacto con las hormigas. Estos insectos aprovecharon la abundancia de hongos para alimentarse y siguieron dependiendo de ellos cuando la vida se recuperó de la extinción.


“Los resultados del estudio, permiten entender los principales cambios evolutivos que han resultado en complejos sistemas de agricultura entre las hormigas attines (que incluyen las arrieras) y sus hongos basidiomicetes cultivados. El estudio permite tener una mejor comprensión desde el origen de la relación simbiótica hormigas - hongos, hasta el proceso de completa domesticación de los hongos cultivados. Ahora, podemos hacer analogías entre la agricultura humana y la agricultura de las hormigas, y aprender de la evolución de esta relación simbiótica de 66 millones de años”. Comentó Hermógenes Fernandez, investigador en el Instituto de Investigaciones Científicas y Servicios de Alta Tecnología de Panamá e investigador asociado en el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales.

El nuevo trabajo también reveló que las hormigas tardaron casi otros 40 millones de años en desarrollar después la agricultura superior. Los investigadores pudieron rastrear el origen de esta práctica avanzada hasta hace unos 27 millones de años. En esa época, un clima que se enfriaba rápidamente transformó los entornos de todo el planeta. En Sudamérica, los hábitats más secos, como las sabanas arboladas y las praderas, fracturaron grandes franjas de bosques tropicales húmedos.


Cuando las hormigas sacaron los hongos de los bosques húmedos y los llevaron a zonas más secas, los aislaron de sus poblaciones ancestrales salvajes. Los hongos aislados pasaron a depender por completo de las hormigas para sobrevivir en las condiciones áridas, marcando el rumbo del sistema de agricultura superior que practican las hormigas cortadoras de hojas en la actualidad.

“Las hormigas domesticaron estos hongos del mismo modo que los humanos domesticaron los cultivos”, explica Schultz. “Lo extraordinario es que ahora podemos datar cuándo las hormigas superiores cultivaron originalmente los hongos superiores”.


martes, 1 de octubre de 2024

DAKOSAURUS ANDINIENSES, EL GODZILLA DE ARGENTINA.

 Un animal "parecido al cocodrilo", con cabeza de dinosaurio carnívoro y cola de pez, habitó hace unos 135 millones de años en el oeste de Argentina, al pie de los Andes, . Su nombre científico es 'Dakosaurus andinienses', pero los paleozoólogos le han dado ya el mote de "Godzilla, el chico malo del mar".

En 1996, una expedición encabezada por la paleozoóloga Zulma Gasparini encontró un "cráneo completo" del animal en el área de Pampa Tril, en el noroeste de la provincia de Neuquén, a unos 40 kilómetros al sur del límite de la provincia de Mendoza.



El hallazgo se produjo después de que, según explicó el investigador Diego Pol, "algunos pobladores del sur de Mendoza" llevaran "fragmentos de un animal grande" al museo de San Rafael. Allí los encontró Gasparini, "casi de casualidad", y "pronto se dio cuenta de que eran restos de un animal marino poco habitual" similar al cocodrilo marino.



Casi cuatro metros de largo

La expedición, en la que participaron el paleontólogo Luis Spalletti y sus colegas Sergio y Rafael Cocca, encontró después un cráneo de aproximadamente 76 centímetros de largo, así como partes de una vértebra.

Por otros fragmentos de fósiles de la región y la comparación con especies contemporáneas, los científicos argentinos calculan que este 'Dakosaurus andiniensis', con cuatro extremidades similares a aletas o remos, tenía unos 3,90 metros de longitud desde la nariz a la cola.



También se cree que sus mandíbulas medían 46 centímetros de largo, con 13 dientes de gran tamaño. Los colmillos hallados en el cráneo alcanzaban los 10 centímetros.

Según Diego Pol, "la especie es poco común porque otros cocodrilos marinos que vivieron en la misma época tenían rasgos muy delicados, hocico largo y fino y dientes finos como agujas para la captura de peces pequeños y moluscos", lo que contrasta con el "hocico corto" y los "dientes grandes con bordes aserrados" de este ejemplar.

"Era, claramente, un depredador de criaturas marinas grandes que probablemente nadaba usando sus afilados dientes para morder y cortar a su presa", añadió Pol.



'Monstruos' de los océanos

En la época en la que vivió el animal, entre el Jurásico tardío y el temprano Cretácico, la región donde se encontraron sus restos era una profunda bahía tropical del océano Pacífico.

El 'chico malo',  fue sólo uno de los muchos 'monstruos' marinos que nadaron por los océanos desde hace unos 250 millones de años y hasta hace unos 65 millones de años.

Los mares de poca profundidad y la ausencia de otros depredadores marinos crearon nichos para muchos reptiles que se habían desarrollado en tierra, según afiman los científicos.