miércoles, 28 de agosto de 2024

RECONOCIMIENTO INTERNACIONAL: EL DESIERTO DE LA TATACOA FUE DECLARADO PARIMONIO GEOLÓGICO MUNDIAL.

 El desierto de la Tatacoa, reconocido como uno de los biomas más importantes y variados del planeta, fue declarado Patrimonio Geológico Mundial por la Unión Internacional de Ciencias Geológicas (Iugs). Esta designación se hizo oficial durante el 37º Congreso Geológico Internacional (IGC) celebrado en Busan, Corea del Sur.




De acuerdo con el Servicio Geológico Colombiano, “esta zona ubicada en la Tatacoa alberga dos yacimientos paleontológicos excepcionales de épocas diferentes”, informó el SGC mediante redes sociales. El desierto de la Tatacoa, específicamente en la localidad de La Venta en Villavieja, Huila, se destaca por sus registros fósiles que datan del Pleistoceno y del Mioceno Medio.

“Este último fue el que obtuvo el reconocimiento de la Iugs al evidenciar que hace 13 millones de años existió en esta latitud del territorio colombiano una selva tropical ya extinta”, señaló Marianela Vargas, geóloga del Museo Geológico Nacional José Royo y Gómez .


De acuerdo con Vargas, este sitio representa una ventana única para entender el pasado, conservando una variedad de fósiles de flora y fauna que nunca interactuaron con humanos. “Allí es posible encontrar una gran variedad y abundancia de fósiles de estos antiguos especímenes que cuentan con elementos que difícilmente se preservan en el registro fósil”, detalló la experta. Estos vestigios no solo poseen un gran valor científico, sino que también pueden ofrecer claves cruciales para enfrentar el cambio climático global.

El reconocimiento al desierto de la Tatacoa se enmarca dentro del programa Global Geosites lanzado en 2022 por la Iugs. Ese mismo año, otros dos sitios colombianos, el complejo volcánico Nevado del Ruiz (Kumanday) y el yacimiento de reptiles marinos del Cretácico inferior de Ricaurte Alto (Boyacá), también fueron seleccionados. “Para los geólogos, estos fenómenos proporcionan uno de los mejores análogos para comprender los cambios climáticos del futuro próximo y las respuestas bióticas que estos cambios podrían inducir”, afirmó Vargas a la prensa.



El desierto de la Tatacoa, con su paisaje árido y rocoso, guarda una riqueza biológica y geológica invaluable que lo convierte en un laboratorio natural. Esto ha permitido el estudio de diversas especies de mamíferos, reptiles, peces, aves, invertebrados y plantas extintas. “Los registros del óptimo climático del Mioceno (17 a 14,7 millones de años) y la transición climática del Mioceno (14,2 a 13,8 millones de años) brindan indicios sobre los posibles cambios biológicos debido a las variaciones del clima”, explicó Vargas.

El 37º Congreso Geológico Internacional destaca la importancia de conservar sitios con valor geológico y paleontológico no solo por su riqueza histórica, sino para prevenir y entender los cambios ambientales actuales. “Los vestigios que hoy se preservan de forma excepcional en este yacimiento también podrían ofrecer pistas clave para enfrentar una de las mayores preocupaciones globales de la humanidad: el cambio climático”, reiteró Vargas.



El reciente reconocimiento internacional a la Tatacoa no solo fortalece su estatus turístico, sino que subraya la necesidad de continuar investigando y preservando estos sitios para futuras generaciones. “Con la Venta, ya son tres los sitios colombianos postulados por el Servicio Geológico Colombiano que reciben el reconocimiento de la IUGS”.

sábado, 24 de agosto de 2024

LA EXTINCIÓN DE LOS DINOSAURIOS ESTÁ ESCRITA EN EL GENÓMA DE LAS AVES.

 Hace 65 millones de años, un asteroide de 10 kilómetros de diámetro chocó contra nuestro mundo y cambió para siempre el curso de la vida en la Tierra. La roca espacial puso en marcha una dramática reacción en cadena de cambios que puso punto y final al largo reinado de los dinosaurios, pero abrió al mismo tiempo el camino para la llegada de otras formas de vida.

Poco después del impacto, en efecto, surgieron los primeros ancestros de las aves actuales. Y ahora, un estudio de la Universidad de Michigan ha conseguido identificar, por primera vez, los rastros de aquella catástrofe en los genomas de las aves: cambios dramáticos provocados por la extinción masiva y que permitieron a las aves diversificarse y convertirse en los animales tremendamente exitosos y variados que son hoy. El trabajo se acaba de publicar en 'Science Advances'.



Al estudiar el ADN de las aves vivas -explica Jake Berv, autor principal del artículo-, podemos intentar detectar patrones de secuencias genéticas que cambiaron justo después de uno de los eventos más importantes en la historia de la Tierra. La firma de esos acontecimientos parece haber quedado impresa en los genomas de los supervivientes de una manera que podemos detectar incluso decenas de millones de años después.

Los componentes fundamentales del ADN (los nucleótidos) se componen de cuatro bases diferentes, denominadas A, C, G y T (adenina, citosina, guanina y timina). Las proporciones de estos cuatro 'ingredientes' dentro del genoma pueden cambiar, lo que resulta en cambios en el desarrollo de las criaturas.

Y eso es precisamente lo que Berv y su equipo descubrieron en su análisis: el evento de extinción masiva provocó cambios en la composición de los nucleótidos de los pocos dinosaurios 'aviares' que sobrevivieron a la extinción. Y también descubrieron que estos cambios parecen estar relacionados con la forma en que las aves se desarrollan cuando son bebés, su tamaño adulto y su metabolismo.



Por ejemplo, aproximadamente entre 3 y 5 millones de años después de la extinción masiva, los linajes de aves supervivientes tendieron a desarrollar tamaños corporales más pequeños. También cambiaron la forma en que se desarrollaron como crías, y más especies se volvieron 'altriciales'. Es decir, que aún están 'incompletos' cuando nacen y necesitan que sus padres los alimenten y cuiden durante muchas semanas, incluso meses. Las aves que nacen listas para valerse por sí mismas, como las gallinas y los pavos, se denominan 'precociales'.

Estudios anteriores sobre la evolución de las aves habían supuesto una composición fija del ADN que no podía cambiar. Pero los nuevos métodos utilizados por los investigadores en su estudio dejaron claro que no es así.


«Descubrimos -afirma Berv- que el tamaño del cuerpo adulto y los patrones de desarrollo previo a la eclosión son dos características importantes de la biología de las aves que podemos vincular con los cambios genéticos que estamos detectando. Hasta donde sabemos, los cambios en la composición del ADN no se habían asociado hasta ahora de manera tan clara con la extinción masiva del final del Cretácico».

Hasta ahora, los cambios en la composición del ADN no se habían examinado de cerca en el contexto de una extinción masiva. Y, sin embargo, sabemos que las extinciones masivas pueden tener un efecto dramático en el mundo, cambiando ecosistemas enteros y sus relaciones, así como las relaciones entre los organismos dentro de ellos.

«Nuestro estudio -asegura por su parte Daniel Field, de la Universidad de Cambridge y coautor de la investigación- destaca que estos fenómenos de extinción pueden en realidad influir aún más profundamente en la biología de los organismos, alterando aspectos importantes de la evolución de los genomas. Este trabajo amplía nuestra comprensión de los dramáticos impactos biológicos causados por las extinciones masivas y destaca que la que acabó con los dinosaurios gigantes fue uno de los eventos de mayor impacto biológico en toda la historia de nuestro planeta».


miércoles, 14 de agosto de 2024

CONOCE AL, ENALIOETES SCHROEDERI ,EL COCODRILO MARINO QUE VIVIÓ HAE 135 MILLONES DE AÑOS EN LO QUE HOY ES ALEMANIA.

 Se ha documentado científicamente una especie extinta de cocodrilo marino que hasta ahora era desconocida. A esta nueva especie se le ha dado el nombre de Enalioetes schroederi. El ejemplar cuyos restos fósiles han sido analizados vivió hace 135 millones de años en el mar de poca profundidad que por aquellos tiempos cubría buena parte del territorio de la actual Alemania.

La investigación la ha realizado un equipo integrado, entre otros, por Mark Young, de la Universidad de Edimburgo en Escocia, Reino Unido, y Sven Sachsa, del Museo de Historia Natural de Bielefeld en Alemania.


Este antiguo cocodrilo pertenecía a la familia Metriorhynchidae, un llamativo grupo de cocodrilos al que la evolución le acabó dando una forma corporal similar a la de los delfines.

Los miembros de la familia Metriorhynchidae tenían la piel lisa y sin escamas, poseían aletas y también una aleta caudal.

Se alimentaban de una gran variedad de presas, incluidos animales rápidos como calamares y peces. Algunas especies, que tenían dientes grandes y dentados, se alimentaban también de otros reptiles marinos.


El espécimen analizado en el nuevo estudio es notable ya que corresponde a uno de los muy pocos animales de esa familia cuya anatomía craneal se conoce bien gracias a un cráneo bien conservado tridimensionalmente.

El buen estado del cráneo permitió a los autores del nuevo estudio escanearlo a fondo mediante tomografía computerizada y de ese modo consiguieron averiguar muchas cosas sobre la anatomía interna de estos cocodrilos marinos. El notable estado de conservación permitió incluso reconstruir cavidades internas del animal y hasta sus oídos internos.

El estudio se titula “A new genus of metriorhynchid crocodylomorph from the Lower Cretaceous of Germany”. Y se ha publicado en la revista académica Journal of Systematic Palaeontology.


jueves, 1 de agosto de 2024

CIENTÍFICOS EN EL BRASIL, HALLAN FÓSIL DE DINOSAURIO DE 230 MILLONES DE AÑOS DE ANTIGÜEDAD.

 Tras fuertes lluvias en el sur de Brasil, un grupo de científicos encontró los restos del segundo ejemplar más completo encontrado hasta ahora de un herrerasáurido.

En el corazón del municipio de São João do Polêsine, Rio Grande do Sul, Brasil, un tesoro paleontológico de grandes proporciones fue hallado en un importante yacimiento del Triásico. 

Este período, que se extiende entre los 250 y 200 millones de años atrás. Fue testigo de la diversificación de los primeros dinosaurios y la aparición de reptiles voladores. 


 (Universidad Federal de Santa María).

Tras cuatro días de excavaciones, un equipo de paleontólogos de la Universidad Federal de Santa María (UFSM) logró recuperar y transportar el bloque de roca con el esqueleto fosilizado de 230 millones de años.

Este descubrimiento abre un nuevo capítulo en la comprensión de la paleontología brasileña. Los científicos ya determinaron que el fósil pertenece a un dinosaurio herbívoro del grupo Herrerasauridae, uno de los primeros linajes de estos gigantes prehistóricos. 

Los científicos explican que la extracción de los huesos del bloque de roca es un proceso minucioso, casi quirúrgico. Cada fragmento óseo debe ser cuidadosamente removido y preservado para evitar su deterioro. Este trabajo, que puede llevar algunos meses, requiere de una gran dosis de paciencia y precisión.


Paleontólogos trabajando en un sitio de excavación donde se descubrió el fósil de dinosaurio. (Universidad Federal de Santa María)

Una vez liberados de la roca, los huesos serán objeto de un profundo análisis. Se realizarán estudios de anatomía comparada para determinar si el fósil pertenece a un individuo ya conocido de la especie o si representa una nueva especie por descubrir.

Se espera que el estudio en profundidad del espécimen revele información crucial sobre su anatomía, comportamiento y el ecosistema en el que habitaba. 

Las intensas lluvias que azotaron el sur de Brasil no solo trajeron inundaciones, sino que también actuaron como un catalizador inesperado para la paleontología. 

El exceso de agua aceleró el proceso erosivo natural, lo que llevó al hallazgo de un nuevo individuo herrerasáurido, un dinosaurio de 230 millones de años. 

Paleontólogos trabajando en un sitio de excavación donde se descubrió un fósil de dinosaurio en Sao Joao do Polesine, Rio Grande do Sul, Brasil

Fuente: Universidad Federal de Santa María (UFSM)

Sin embargo, esto puede presentar un desafío. Temp Müller, paleontóloga de la Universidad Federal de Santa María (UFSM), señaló que si bien las lluvias exponen fósiles que antes estaban ocultos, un volumen de agua muy superior al habitual "también destruye mucho material", especialmente las piezas más pequeñas y frágiles. 

Es por esto que múltiples equipos se encuentran en constante monitoreo de los yacimientos, buscando fragmentos expuestos por las lluvias y trabajando en las excavaciones para recuperarlos antes de que se pierdan. 

El trabajo de estos investigadores dio frutos más allá del impresionante esqueleto casi completo del dinosaurio herrerasáurido. En los últimos meses, también lograron rescatar fósiles en otros municipios de la región, ampliando aún más el conocimiento sobre la paleontología de esta zona.

martes, 9 de julio de 2024

GAIASIA JENNYAE, LA CREATURA GIGANTE QUE HACE 280 MILLONES DE AÑOS ACECHÓ LOS PANTANOS DE LO QUE HOY ES NAMIBIA.

 40 millones antes que los primeros dinosaurios aparecieran en la Tierra, un feroz depredador rondaba los pantanos prehistóricos.

Medía hasta dos metros y su enorme cráneo de más de medio metro incluía una boca con largos colmillos entrelazados que actuaba como una copa de succión para devorar a sus presas.

Se trata de Gaiasia jennyae, cuyo fósil fue recientemente descubierto en Namibia y descrito por los científicos en un artículo en la revista especializada Nature como una salamandra gigante con una cabeza plana en forma de retrete.


El fósil recibió el nombre por la formación Gai-as en Namibia, donde fue descubierto, y en honor a Jenny Clack, la paleontóloga que se especializó en la evolución de los primero tetrápodos, los vertebrados cuadrúpedos que evolucionaron de los peces con aletas lobuladas y que fueron los ancestros de anfibios, reptiles y mamíferos.

“Encontramos este enorme espécimen que yacía como un gigante solidificado en un saliente rocoso. Fue realmente impactante”, relató Claudia A. Marsicano de la Universidad de Buenos Aires, colíder del equipo investigativo. “Con sólo verlo supe que se trataba de algo completamente diferente. Estamos todos muy emocionados”, expresó la paleontóloga.


El equipo halló varios especímenes, incluyendo uno con un muy buen preservado cráneo articulado con la columna vertebral.

“Después de examinar el cráneo, la estructura frontal me llamó la atención. Era la única parte visible en ese momento y mostraba unos grandes colmillos entrelazados muy inusuales, que creaban una mordida extraña para los tetrápodos primarios”.


Jason Pardo, investigador de postdoctorado del Museo Field de Chicago y coautor del artículo, explicó que la forma de la cabeza y de la mandíbula le permitían abrir la boca y aspirar sus presas. “Contamos con material realmente fantástico, incluyendo un cráneo completo que podemos usar para compararlo con otros animales de esta época y entender cómo fue este animal y qué lo hace único”.

Marsicano añadió que el “nuevo, excepcionalmente grande, tetrápodo acuático aporta información crítica sobre los tetrápodos que habitaron las altas latitudes de Gondwana”, en referencia a las regiones polares de la masa terrestre prehistórica.

Aunque hoy en día Namibia se encuentra apenas al norte de Sudáfrica, hace 300 millones de años estaba mucho más al sur, cerca del paralelo 60, casi a la altura del punto más septentrional de la Antártida actual. Y en ese momento, la Tierra se acercaba al final de una era glacial.

Las tierras pantanosas cercanas al ecuador se estaban secando y se estaban volviendo más boscosas, pero más cerca de los polos, los pantanos permanecían, posiblemente junto a parches de hielo y glaciares.

En las partes más cálidas y secas del mundo, los animales evolucionaron hacia nuevas formas. Los primeros vertebrados de cuatro patas, llamados tetrápodos, se ramificaron y se dividieron en linajes que un día se convertirían en mamíferos, reptiles y anfibios. Pero al margen, en lugares como lo que hoy es Namibia, permanecieron formas más antiguas.



"Es realmente sorprendente que Gaiasia sea tan arcaica”, comentó Pardo. “Estaba emparentada con organismos que se extinguieron probablemente 40 millones de años antes". Y para ser un vestigio extraño de una época aún más antigua, a Gaiasia parecía que le iba bastante bien, posiblemente como el principal depredador de su ecosistema.

"El hecho de que hayamos encontrado a Gaiasia en el extremo sur nos dice que había un ecosistema floreciente que podía sustentar a estos grandes depredadores. Cuanto más busquemos, más respuestas podremos encontrar sobre estos importantes grupos animales que nos interesan, como los ancestros de los mamíferos y los reptiles modernos", concluyó Pardo.

lunes, 17 de junio de 2024

TMESIPTERIS OBLANCEOLATA, EL HELECHO CON EL GENOMA MAS GRANDE DE LA TIERRA.

Un pequeño helecho nativo de la región del Pacífico Sur acaba de romper el récord del genoma más grande encontrado en la historia del planeta. La planta Tmesipteris oblanceolata contiene 160 mil millones de pares de bases. En comparación, con el ser humano solo tiene 3,000 millones de ellos.



 Tmesipteris oblanceolata es una especie rara de helecho que se encuentra en el archipiélago de Nueva Caledonia, territorio francés de ultramar situado en el suroeste del Pacífico, y en algunas de las islas vecinas como Vanuatu. El género Tmesipteris, en sí mismo, es un grupo de plantas poco estudiado que consta de alrededor de 15 especies, la mayoría de las cuales se encuentran distribuidas en diversas islas del Pacífico y Oceanía. Un género único y fascinante de helechos, cuyos ancestros evolucionaron hace unos 350 millones de años, mucho antes de que los dinosaurios pisaran la tierra.



En 2023, un grupo de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), dependiente del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, en el Instituto Botánico de Barcelona (IBB, CSIC-CMCNB), viajaron a Nueva Caledonia para recolectar muestras de Tmesipteris, que fueron posteriormente analizadas para estimar el tamaño de sus genomas mediante la técnica de la citometría de flujo. Los análisis revelaron que la especie Tmesipteris oblanceolata tiene un tamaño de genoma de récord de 160,45 gigabases (Gb), lo que es aproximadamente un 7% más grande que el de Paris japónica (148,89 Gb), una planta endémica de Japón que mantenía este récord desde 2010.



Considerando que un par de bases -la unidad básica del ADN que consta de dos nucleótidos-, mide aproximadamente 0,34 nanómetros de longitud, si pudiésemos desenredar todo el ADN de una sola célula de este helecho sería casi igual de alto que, por ejemplo, la torre de la Giralda de Sevilla. En comparación, el genoma humano, que contiene aproximadamente 3,1 Gb distribuidos en 23 cromosomas, tiene una longitud de ADN en cada célula de tan solo alrededor de 2 metros.

Este estudio, publicado en la revista iScience y dirigido por investigadores del Instituto Botánico de Barcelona (IBB, CSIC-CMCNB) con la participación del Real Jardín Botánico (RJB) del CSIC, Kew Gardens, la Universidad Queen Mary de Londres y el Herbario de Nueva Caledonia, no es fruto de la casualidad. En palabras de Jaume Pellicer, investigador del Instituto Botánico de Barcelona: “Basándonos en estudios previos, ya anticipábamos la existencia de genomas gigantes en Tmesipteris por lo que, este descubrimiento, lejos de ser un logro casual, es el resultado de más de una década de investigaciones explorando la diversidad de tamaños genómicos entre las plantas”.



Hasta la fecha, científicos y científicas de todo el mundo han estudiado el tamaño del genoma de casi 20.000 organismos eucariotas, “revelando la existencia de una extraordinaria diversidad de tamaños de genomas a lo largo del árbol de la vida”, añade Pellicer.  Además, se ha observado que este carácter tiene un impacto profundo no solo en su anatomía, ya que “los genomas más grandes necesitan células más grandes para albergarlos, sino también en cómo funcionan, evolucionan, y dónde y cómo viven”, apunta Oriane Hidalgo, investigadora del Instituto Botánico de Barcelona.

“Sorprendentemente, un tamaño genómico mayor no se refleja necesariamente en un mayor número de genes. Los organismos con genomas gigantes a menudo presentan un exceso de los llamados elementos transponibles. Estos elementos repetidos fueron primeramente descritos por la doctora Barbara McClintock al analizar los cromosomas del maíz, descubrimiento por el cual recibió el Premio Nobel de Medicina”, remarca la investigadora Ramón y Cajal del CSIC en el Real Jardín Botánico de Madrid Lisa Pokorny.



Teniendo en cuenta estas observaciones, la pregunta que ahora se plantean los investigadores es por qué algunas especies tienen genomas tan gigantes y si existe un límite a la cantidad de ADN que un organismo puede albergar en cada célula.

“Hasta ahora, solo un puñado de grupos de animales y vegetales han demostrado tener genomas que se extienden más allá del rango de 100 Gb. Entre los animales, algunos de los genomas más grandes incluyen el del pez pulmonado (Protopterus aethiopicus), con 129,90 Gb, y el del tritón de río (Necturus lewisi), con 117,47 Gb. Sin embargo, llama la atención que seis de los genomas eucarióticos más grandes conocidos hasta el momento se encuentran entre las plantas, incluyendo, por ejemplo, al muérdago europeo (Viscum album), con 100,84 Gb”, concluye Pol Fernández, investigador en el IBB CSIC-CMCNB.


martes, 28 de mayo de 2024

KOLEKEN INAKAYALI, EL DINOSAURIO DE BRAZOS DIMINUTOS QUE HABITÓ LA PATAGONIA ARGENTINA.

 Trabajos de expedición y recolección de restos óseos en la Patagonia, Argentina, han conducido al descubrimiento del Koleken Inakayali, un nuevo tipo de abelisáurido nativo. Esta clase de dinosaurios se caracterizan por ser carnívoros y poseer brazos extremadamente cortos. Habitaron hace 69 millones de años.

Los paleontólogos argentinos nombraron al nuevo abelisáurido como Koleken Inakayali. Este es esencialmente un primo del carnotauro, el dinosaurio de los grandes cuernos. Los miembros de la familia abelisáurida, son reconocidos como depredadores bípedos eficaces, de patas muy robustas, pero de “manos” inútiles. Dichas extremidades anteriores son consideradas como vestigios, atributos que en el transcurso de la evolución se mantuvieron presentes en el espécimen pero que perdieron parcial o totalmente su función primitiva.

El proceso para etiquetar a un nuevo abelisaurido inició a partir de una una garra encontrada en el barro de un yacimiento de restos óseos. Los paleontólogos continuaron excavando hasta encontrar las suficientes partes del dinosaurio. Al principio creyeron que era otro carnotauro pues la zona tiene amplios registros de él, pero tras extensos análisis encontraron diferencias sustanciales que obligaron a una nueva categorización. Entre estas características estaban los huesos nasales que eran completamente distintos y la ausencia de señales de cuernos anchos que surgieran de sus cejas.

Los trabajos de recolección de los fósiles consiguieron la parte trasera del Koleken Inakayali en óptimas condiciones. Además, se percataron que tanto la columna vertebral, la cadera y las patas estaban juntas e íntegras. “Todo eso indica que el dinosaurio fue enterrado y conservado antes de que el cuerpo se descompusiera y las partes se dispersaran”, explicó Diego Pol, paleontólogo y autor principal de la investigación.


Koleken es una palabra en lengua teushen (originaria de Argentina) que significa “procedente de la arcilla y el agua”. Por su parte, Inakayali proviene de Inakayal, el nombre de un cacique del pueblo indígena tehuelche de la Patagonia oriental.

Los abelisáuridos pertenecen al suborden de Teropoda, de donde también derivan el Tiranosaurio Rex y el Velociraptor. Mientras los terópodos gigantes vivieron en América del Norte, los de la familia abelisáurida proliferaron en el hemisferio sur. De ellos hay registros en Chile, Brasil, África y Madagascar. Por lo anterior, los investigadores suponen que se desarrollaron mucho antes de que se separara el supercontinente Gondwana.

El Koleken Inakayali habitó en la misma región que el carnotauro y gigantes herbívoros de cuello largo como el espécimen Titanomachya. No obstante, los paleontólogos no cuentan con la suficiente información como para afirmar que la tríada de dinosaurios formaba parte de un solo ecosistema alimenticio.


Los huesos del nuevo abelisáurido también servirán para comprender el proceso de evolución del clado. No son pocos los dinosaurios de brazos pequeños que se han encontrado, pero cada uno es notablemente distinto a sus contrapartes. Los noasáuridos, por ejemplo, son primos directos del Koleken Inakayali, pero son muy pequeños y ágiles en comparación. Entre más linajes existan de abelisáuridos, mejor será la comprensión de la historia evolutiva luego de distanciarse de su ancestro común (todavía desconocido) en el Jurásico.

El periodo cretácico, donde probablemente vivió el K. Inakayali es la última etapa en la que dejaron de reinar los dinosaurios. Estos se enfrentaron a un fenómeno de extinción en masa donde la mejor hipótesis al respecto fue el impacto de un meteorito cerca de la Península de Yucatán, México.